jueves, 18 de mayo de 2017

Uno de esos rincones al aire libre acogedores




Me agradan los rincones apacibles y discretos de la ciudad. Un rincón puede ser pequeño y, sin embargo, hospitalario. Que es tanto como decir recuperador. Principalmente con el buen tiempo. Puede consistir en cuatro bancos ubicados en un trozo de plazoleta pública o en una terraza agradable apartada del bullicio. Esto último sucede en la esquina de la calle Simón Aranda con José María Lacort, en el tramo más cercano a Mantería. Allí, los bajos que conservan un murete, pilastras y la correspondiente verja accesible de la edificación de otra época  -cuánto se echa en falta en Valladolid aquella especie de atrio ajardinado que tenían muchos edificios antiguamente- cumple la función de terraza a la solana y al sombreado por mor del Bar Galván. Debido a que tanto el tramo de Simón Aranda como Mantería son peatonales y Lacort suele llevar un tráfico más reducido el espacio resulta acogedor para leer la prensa o un libro mientras tomas un verdejo y unas aceitunas que Antonio, amablemente, te va a colocar sobre la mesa. Añadamos que el mismo edificio mantiene la tipología más o menos original, anterior a la barbarie inmobiliaria, y con ese aspecto de caserón adquiere una personalidad visualmente grata. Se nos traslada una sensación de estar a gusto, ilusoria fantasía de retroceder en el tiempo, a la sombra del reducido pero eficaz arbolado, y a eso le llamo calidad de vida. Un alto en el camino en cualquiera de los recorridos céntricos que adquieren un valor superior, sin dejar de ser un ejercicio sencillo que sabe a gloria. Sensaciones y sentimientos del paseante. Qué se le va a hacer si uno es ansí.